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Bullying o acoso escolar: un juego malvado



Bullying o acoso escolar es una dinámica perversa de la que cada vez oímos hablar más, incluso aunque no hay mayores estadísticas, los números pueden ser escalofriantes. De niños o adolescentes quizás no éramos conscientes de esta realidad, pero una vez que nos hacemos madres y padres, y vemos las terribles consecuencias de esta forma de violencia, ya no podemos dejar pasar la oportunidad de reflexionar al respecto con nuestros hijos.

Desde el año 2013, cada 2 de mayo se conmemora el Día Internacional contra el Acoso Escolar, una iniciativa promovida por la ONG Bullyng sin Fronteras, creada con el fin de atender y crear conciencia sobre esta problemática que afecta a niños en edad escolar y a uno de cada cinco adolescentes de 15 años en el mundo. En Venezuela, la Lopnna (Ley Orgánica de Protección del Niño, Niña y Adolescentes) garantiza el buen trato como un derecho humano fundamental de nuestros hijos.

Según el portal de Universia.es, el bullying es el maltrato físico y/o psicológico deliberado y continuado que recibe un niño por parte de otro u otros, que se comportan cruelmente con el objetivo de someterlo y asustarlo, para obtener algún resultado favorable para los acosadores o simplemente satisfacer su necesidad de agredir y destruir.

Estemos atentos a estas características para que podamos frenarlo a tiempo:
  • Es la repetición continuada de burlas, amenazas o agresiones físicas o psicológicas, que puede provocar el aislamiento sistemático y la exclusión social de la víctima.
  • Origina problemas que se repiten y prolongan durante cierto tiempo.
  • Suele estar provocado por un alumno, apoyado por un grupo de espectadores, y se dirige contra una víctima que se encuentra indefensa.
  • La ignorancia o la pasividad de las personas que rodean a los agresores y a las víctimas mantienen e incluso fomentan el acoso, porque se abstienen de intervenir directamente.
  • La víctima desarrolla miedo y rechazo al contexto en el que sufre la violencia, pérdida de confianza en sí mismo y en los demás, y disminución del rendimiento escolar.
  • Disminuye la capacidad de comprensión moral y de empatía del agresor, mientras que se produce un refuerzo de un estilo violento de interacción.
  • En las personas que observan la violencia sin hacer nada para evitarla, se produce falta de sensibilidad y solidaridad. 
  • Se reduce la calidad de vida del entorno de la víctima e incluso de los espectadores: hay dificultad para lograr objetivos y un aumento de los problemas y las tensiones.
Todos podemos ser promotores del buen trato y frenar el acoso escolar. Todos tenemos algo que aportar, sobre todo si eres espectador, tu intervención puede ser clave para ayudar a la víctima. Si eres víctima, acude a tus padres o al Consejo de Protección de tu localidad. ¿No sabes dónde queda? Escríbenos y te damos la dirección y el contacto tienesderechovenezuela@gmail.com

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